Michael Jackson se ha convertido en un mito, una leyenda, nadie podrá quitarle jamás el título que poseía.
El rey del pop nos ha dejado, tempranamente, pero nos quedan todas esas buenas canciones con las que hemos vivido durante años.
Los genios nunca deberían morir…
Jackson vive entre nosotros.
Tenía 13 años cuando me enamoré completamente de una diosa de cabellos de oro y sonrisa perfecta.
Farrah Fawcett nos ha dejado para siempre, tras luchar como una campeona contra esa maldita enfermedad, pero nunca nadie podrá arrebatármela de mi corazón.
Esta durmiendo, sonriendo, agradeciendo a todos los que la querían sus lágrimas, que están llenas de amor, llenas de ella…
Gracias Farrah por darme en todos estos años tantas alegrías y espérame en el cielo.
FARRAH FOREVER.
De vuelta a casa hicimos la parada obligada para que Alberto me dejara sin gota, realmente sabía lo que hacía y demostró que estaba en forma dado que mientas engullía se saco el rabo y volvió a correrse mientras se la meneaba.
Charlamos, me contó que era cocinero y compartía piso con un amigo, quedamos en volver a vernos el viernes siguiente (cuatro días después) nos despedimos con un beso nervioso… por ambas partes, me gustaba mucho, más de lo que debía.
Durante esos días no me lo pude quitar de la cabeza, habíamos quedado por la tarde, no sabía donde iríamos o lo que haríamos así que me enfundé un chándal y fui hasta mi cita…
Había quedado a unos minutos de mi casa, el llegar se me hizo eterno, esperar una medía hora sin respuesta me dejo chafado…
El caso es que mientras esperaba me pareció ver un coche similar, modelo, color… pero nadie apareció… estaba jodido y me fui directamente a la finca, aquello no iba a joderme más de lo permitido.
Ni rastro de mi conquista… así que me puse mi coraza (que se había resquebrajado por culpa de ese tío) y me follé a un chavalito fibradete que andaba baboso tras de mi.
Continué un ratillo más por allí y me entró un tío interesante, alto, moreno, de pelo rizado, buen cuerpo aunque sin vello, impresionantes y duras piernas… según me dijo era futbolista de un equipo de 1ª división… Madrileño, no estaba yo muy centrado en eso del fútbol así que no supe quién era, tiempo después comprobaría que era cierto…
Nos lo montamos, nos corrimos y me llevo a casa, quería volver a verme pero le dije que no me interesaba y fin de la historia.
A los pocos días volví a la finca y sorpresa… me encontré con Alberto.
Vi una silueta que prometía y me acerque… me pareció que era… sí, era él.
Emprendí mi huida y Alberto vino tras de mi, por todos los vericuetos de la finca… parecía que intentaba decirme algo… disculparse, que se yo.
Su persecución fue tremenda…
Salí a la carretera y rápidamente me metí en la dehesa, él venía hacia mi con el coche, me perseguía, estaba tan cabreado que no le di oportunidad alguna de que me explicara el motivo de su plantón…
De nuevo en carretera le vi apostado en la zona donde quedamos la anterior vez, hice un rodeo para no pasar ni de cerca por allí y se acabo el tema.
No hubo más encuentros y Alberto se quedó en un recuerdo.
Nunca supe porqué era conocida esta zona con ese nombre, la finca de papá, pero durante años fue un lugar de encuentros increíbles, experiencias fantásticas y cuerpos desnudos al sol, durante los veranos, o a medio vestir, en los fríos inviernos, en los que se concentraban todo tipo de tíos. Constaba de dos partes, en una de ellas la gente solía entrar con vehículos y esto tenía su punto, te acercabas, mirabas y si lo que había te interesaba empezaba el juego.
Dependiendo de la hora el público era distinto, por las mañanas te encontrabas a muchos estudiantes (mi caso) gente de mediana edad (chupones de pollas) deportistas (cuerpazos luciendo músculo)
Por las tardes iban los currantes que salían de las oficinas (con sus trajes intactos) taxistas (esperando montar paquete) policías (que querían dar o que les dieran con la porra) ciclistas (marcando todo su potencial)
De noche era una mezcla de todo aunque abundaba la gente que iba en coche (los que luego te acercaban a casa) La otra parte era más propicia para los que les gustaba tomar el sol en pelotas, se metían en unas zonas profundas y esperaban a su partenaire particular.
Desde luego el sitio tenía morbo por todos los lados y durante varios años gozó de gran cantidad de participantes, después la cosa fue perdiendo adeptos por varios factores… empezaron unas obras para agrandar la carretera que dividía las dos zonas y esto hizo que los coches ya no pudieran entrar… era frecuente ver policía a caballo merodeando… tiraban basura a montones de obras próximas… la finca no volvió a ser lo que era nunca más… lástima.
Podría contar mil y una historias acontecidas en este lugar, gustaba y de qué manera, tenía a mis fijos, colegas de charla, vecinos de barrio… era popular y daba un morbo flipante.
Entre los fijos estaba un cachas peludete (con uno de los mejores culos que he catado) al que le encantaba que me la pelara dándole con el rabo en su culazo mientras le apretaba los pezones… me corría sobre su culo y él se llevaba la leche a su agujero, se la introducía toda… me ponía como una moto el cabrón.
Otro, que venía en un cuatro x cuatro, era un chaval bastante gordo, con unas tetas que parecía una tía, grandes, inmensas, llenas de pelos… me la chupaba como los ángeles… se llenaba toda aquella carne de mi leche y una vez expulsada pasaba la palma de sus manos sobre ella y las lamía…
Como he dicho infinidad de historias pero me voy a centrar en un tío llamado Alberto, la perfección hecha carne.
Veamos… 29 años, cuerpo musculado, vello en el pecho, piernas, culo… todo sin exagerar, perfectamente colocado, ja, ja, un rabo, bonito es poco, unas manos… vamos estaba increíble, inmenso, pero lo que me daba un morbo tremendo era su pelo (corto y grisáceo) con unas pedazo de cejas negras…
Vaqueros, chupa de cuero y encima guarrete, le encantaba exhibirse, meneársela mientras te acercabas, así le conocí.
Esa tarde andaba yo con mis colegas (Paco el poli, el banquero, el abuelo tragón y un par más) y le vi pasar… se me cayeron los gayumbos… que pedazo de tío…
Nuestras miradas se cruzaron, la conexión fue mutua, así que me despedí de la peña y fui a por él.
Le recuerdo bajo aquel gran árbol, jugueteando con su polla, tiesa y liberada de sus pantalones, invitándome a que me acercara…
Le estuve observando, me gustaba estudiar el comportamiento de cada uno que me tiraba, tras unos minutos avance hacia él.
Di un par de vueltas a su alrededor, mirándole fijamente a los ojos e ignorando su pedazo de carne, contacto visual, los destrozaba, me gustaba ese juego… tras mi hipnosis personal eran peleles en mis manos.
Me fui hacía otra dirección y esto termino de descolocarlo, de eso se trataba, era él quien debía seguirme a mi, siempre ha sido así, el nene nunca ira detrás de nadie.
Pasé cerca de mis colegas y estos comprobaron como el tío me seguía, diez puntos para mi.
Tenía estudiado al milímetro la zona y me pare en seco en donde sabía que continuaría el espectáculo.
Se situó frente a mi, se bajo el pantalón y el slip totalmente y tras escupir en la palma de su mano comenzó a cascársela brutalmente, me acerque a él y comencé a tocarle ese culo… pecado mortal… que pedazo de nalgas…
Busco mi boca con la suya y nos enroscamos en un beso sin fin mientras mis manos recorrían todo su cuerpo, parándome en sus pezones, en su musculado y velludo pecho, en sus duras nalgas… mientras él continuaba masturbándose.
Sus jadeos me advirtieron que se iba a correr, le metí un par de dedos por ese culo antes de que su leche inundara la boca de un desconocido que se nos había unido, del cual no teníamos noción hasta ese momento, el chavalote se fue contento y con la boca llena.
Sonreímos, nos abrazamos, me toco la polla (andaba tieso como era de esperar) me comento que eso habría que arreglarlo… “te acerco a casa y solucionamos tu problema por el camino, por cierto me llamo Alberto”